Comentarios al estudio: “Violencia Política contra las Mujeres en Contenidos Mediáticos”

Por Yadira Hidalgo González*

La violencia política de género o contra las mujeres es un concepto que muchas veces se torna difuso y se utiliza de forma errónea o se confunde. Esto puede tener relación con que se trata de un concepto compuesto resultado de la conjunción de los conceptos de violencia política y violencia de género.

Entendemos la violencia política como aquella que interfiere en el ejercicio de los derechos políticos de las personas y obstaculiza su libre participación en la toma de decisiones públicas. Este concepto incluso abarca prácticas como el sabotaje, la coerción, la guerra civil, la tortura, el genocidio, entre otros. 

Por otro lado, la violencia de género es la violencia que se dirige a las mujeres sólo por el hecho de serlo en un mundo en el que, desde diferentes frentes, se aprende a despreciar a las mujeres y a lo femenino. La ley de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia nos dice qué tipo de actos configuran los tipos y modalidades de violencia.

Así, la Violencia Política de género, podría definirse como la interferencia y obstaculización de los derechos y la participación política de las mujeres, sólo por el hecho de ser mujeres; basándose en las creencias de inferioridad, incapacidad y no pertenencia al espacio público de las mujeres, de acuerdo a las ideas, usos y costumbres inherentes en el pensamiento de una sociedad machista, androcéntrica y misógina.

El estudio Violencia Política contra las Mujeres en Contenidos Mediáticos”. Coordinado por la Mtra. Elva Narcia Cancino realizado entre los años 2014 a 2017, cumple a cabalidad con la precisión del concepto, a través del análisis y exposición de los elementos que lo construyen y la elección de las notas que ejemplifican diversos casos de violencia política de género en los estados de Chiapas, Oaxaca, Edomex y Veracruz durante las contiendas electorales.

La violencia política de género tiene algo en común con el acoso sexual que las mujeres enfrentamos en la calle, en la escuela o en el trabajo: parece ser el recordatorio cotidiano de que el espacio público no nos pertenece. Son acciones de intimidación para intentar regresarnos al lugar al que el patriarcado dice que pertenecemos: el ámbito privado.

Así, una mujer que transgrede el rol de pasividad y sumisión al que la han conferido la cultura popular, los medios de comunicación, los textos sagrados, entre otros, para asumir un rol de tomadora de decisiones colectivas, es sancionada por el sistema patriarcal para el que actúan instituciones, agentes del estado, colegas de trabajo, partidos políticos, medios de comunicación y en general cualquier persona o grupos de personas.

Actualmente las redes sociales, como bien se menciona en el documento, han facilitado más este tipo de violencia pues favorecen el anonimato de las y los atacantes. Este aspecto es preocupante pues las redes se han convertido en un medidor político y una forma de participación activa de la sociedad que ejerce influencia; sin embargo, la mayoría de las opiniones vertidas en las mismas, exhiben una falta de argumentación sostenida y un análisis superfluo, sin embargo, aún así, son tomadas en cuenta.

En cuanto a quiénes son los principales objetivos de estos ataques, el estudio se aboca, como muchos otros estudios similares, a señalar principalmente a las mujeres que contienden por una cargo de elección popular y, en menor medida, a quienes ostentan un cargo en la función pública.

Tal vez  debido a la novedad del concepto, es que quedan fuera de él las mujeres que desde la sociedad civil organizada o a través de sus liderazgos propios, también participan de la vida pública y en la toma de decisiones. Este último grupo de actoras políticas no ha sido considerado; sin embargo también han sido objeto de violencia política, al denostarse, perseguirse, ridiculizarse o desdeñar sus aportaciones en los temas que trabajan.

Como comunicadora y periodista, encuentro interesante y necesario el abordaje que se hizo del estudio desde los contenidos mediáticos. Dice la comunicóloga feminista Sally Burch que “la comunicación se identifica como una de las áreas estratégicas para cambiar las relaciones de desigualdad entre los géneros o, en su defecto, para reforzarlas y perpetuarlas”.

Así, hasta el momento, los medios de comunicación han jugado un papel clave como perpetradores de la violencia política contra las mujeres, es decir, la violencia mediática ha funcionado como elemento articulador para naturalizar la violencia política de género.

¿De qué manera se presenta la violencia política contra las mujeres en los medios de comunicación? El estudio nos presenta muchos ejemplos: A diferencia con sus pares varones, de las mujeres se mencionan sus roles como madres, esposas e hijas; se les nombra por sus apelativos o por sus apodos mientras que a ellos se les nombra con sus apellidos. Se les describe dando prioridad a sus atributos femeninos o aspecto físico; se les sanciona moralmente, se cuestiona sus capacidades y se les exige la demostración constante de que están preparadas para el encargo. Cualquier error o torpeza se magnifica y se enfatiza la rivalidad o diferencias entre las contendientes, haciéndose coberturas de las “peleas” y de los dimes y diretes como si se tratara de asuntos personales, abonando al hostigamiento mediático.

Otro aspecto a destacar es que a las mujeres que participan en la vida pública, se les exige el conocimiento y la aplicación de la perspectiva de género, mientras que a los señores no. Entonces, cuando una mujer cuestiona o violenta a otra, inmediatamente se hace el señalamiento de que “ni entre mujeres hay apoyo”, cuando se ha comentado ampliamente que el hecho de nacer mujer no implica el conocimiento de la perspectiva de género. Por otra parte, cuando un señor ataca con argumentos misóginos a una mujer, muchas veces se le señala mezclando el concepto de violencia política con la falta de caballerosidad, quitándole importancia al incidente.

Una paradoja es que mientras a las mujeres se les exige el conocimiento de la perspectiva de género, al mismo tiempo, si se declaran feministas o se manifiestan afines o apoyan los temas de la agenda de las mujeres, también son sancionadas. No sólo en los medios, sino también al interior de sus propios partidos.

Otra paradoja que queda constatada en el estudio, es que al mismo tiempo que los medios exigen el cumplimiento de la paridad, son muchas veces los primeros en cuestionarla e impugnarla de diversas maneras.

Otro aspecto que el estudio menciona y que está presente en el análisis que se hace en los cuatro estados analizados, es el argumento de la libertad de expresión para justificar los dichos y exclamaciones discriminatorias, vertidos sobre las personas. Preocupan las posturas como la de un periodista que señala que la violencia política es “un factor inherente al ejercicio del trabajo político y no necesariamente tiene que ver con cuestiones de género”.

Esta es una postura común sobretodo en la vieja guardia periodística, la que más resistencia ha demostrado a la capacitación en perspectiva de género y que actualmente, forma parte del grupo sólido de plumas reconocidas en los cuatro estados analizados.

La minimización de la problemática y el escudarla detrás de un convenientemente adaptado concepto de libertad de expresión, fuera del marco de los derechos humanos; no abona a la construcción de una comunicación democrática. Las y los periodistas necesitan saber que aunque sean plumas consagradas, sus percepciones, prejuicios e ideas personales no son válidas periodísticamente, si no van argumentadas y sostenidas en algo más que su muy particular cosmovisión del mundo.

El estudio señala la importancia de capacitar en perspectiva de género a las y los periodistas desde el momento de su formación, pues el conocimiento de la perspectiva de género es una herramienta de las Ciencias Sociales que enriquecería el trabajo periodístico y también nos ayudaría a distinguir qué es la violencia política y cómo se ejerce.

Es importante destacar que señalar la corrupción o la ineficacia de una persona que ocupa un puesto público o de elección popular no es precisamente violencia política, siempre y cuando se haga con los argumentos o pruebas que corroboren el hecho sin caer en posturas moralizantes o vagas que puedan convertir un hecho verídico, en algo que finalmente se vaya a percibir como un simple rumor o vendetas entre actores políticos.

Entradas de notas tipo “se presume” o “circula en las redes sociales”, nos dan cuenta por dónde va la información que se disfraza de periodismo. Algunos medios buscan familiares incómodos para ligar los “pecados” de éste con la mujer contendiente; se mencionan aspectos de la vida íntima, si hay fotografías se sacan a la luz y se incita de esta manera a la población a unirse o a generar ataques. Aquí la falta de ética periodística es otro elemento que abona a la violencia.

Por otro lado, la incomprensión del concepto de Violencia Política de Género, también se ha utilizado para intentar desviar la atención sobre casos comprobados de corrupción perpetrados por mujeres, para asumirse como víctimas y desviar así la atención de sus actos. Muchas veces estas personas, nunca antes voltearon a ver el tema de género o ni siquiera  les parecía que era importante.

Por eso apelo, como lo hace el estudio, a que las perspectivas de género y de derechos humanos, sean incluidas como materia necesaria en la currícula de las universidades que forman periodistas para que se entiendan estos conceptos y se apliquen en el marco del respeto a los derechos humanos, con la finalidad de construir una sociedad igualitaria en la que la participación de las mujeres en la vida pública no se vea inhibida y obstaculizada.

El último punto que quiero comentar tiene que ver con los liderazgos de las mujeres que participan en la vida pública. Es importante apuntalarlos y reforzarlos. Preocupa que en el estudio las mujeres entrevistadas en Veracruz tuvieran la seguridad de haber obtenido el espacio que les brinda la ley en los medios de comunicación, cuando la revisión de los datos del mismo OPLE, dicen otra cosa.

El estudio demuestra que las candidatas no tienen un conocimiento amplio sobre cómo operan los medios de comunicación y en su mayoría no cuentan con personal especializado. Esto no fortalece su liderazgo ni su presencia en medios.

Por otra parte, al interior de los partidos políticos, hay una confusión sobre lo que implica el fortalecimiento del liderazgo de las mujeres, y los recursos dirigidos a ello se destinan a cuestiones como branding personal, cursos sobre supuestos empoderamientos desde una perspectiva de superación personal, o la imagen pública desde una visión superflua y estereotipada. Por lo que es visible que falta una comprensión real de lo que es la perspectiva de género y su aplicación al interior de esas organizaciones.

Esto conlleva a que cuando las mujeres  o los cuadros en los partidos no son preparados desde la perspectiva de género, no existan como hasta ahora, muchas representantes populares o mujeres en la función pública, con una visión clara de lo que es una agenda política que también tome en cuenta las necesidades estratégicas para la vida de las mujeres.

Aquí es necesario apelar a la sororidad como concepto político. No como una forma de amistarnos entre nosotras, o como una falta de crítica a lo que otra está haciendo. El juego político es un juego masculino (que no de hombres solamente), en el que hay que comenzar a dejar nuestro legado. La sororidad puede ser una buena herramienta de trabajo conjunto, un pacto político bien trazado que nos ayude a dirimir nuestras diferencias y nos evite caer en manipulaciones como los ataques entre mujeres que, desde las cúpulas de los partidos políticos, muchas veces se traman para hacer la guerra a los oponentes.

Fortalecer los liderazgos de las mujeres en la vida pública pasa por el conocimiento amplio de sus derechos como candidatas y como ciudadanas, sobretodo respecto a la cobertura de medios, dice el estudio.

La presencia cada vez mayor de mujeres en el ámbito público, no ha sido bien recibida por muchos sectores de la sociedad. Y aquí, para que esto se vaya haciendo cada vez más cotidiano, democrático y una oportunidad para las mujeres de visibilizar los temas que nos aquejan, los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad entre sus manos. 

 

*Yadira Hidalgo González es comunicóloga y periodista. Conduce el espacio radiofónico Mujeres que saben latín y escribe una columna con el mismo nombre para diferentes medios estatales. Actualmente es directora del Instituto Municipal de las Mujeres de Xalapa.